¿Te imaginas a un obeso desnutrido? ¿alguien que tenga muchos kilos de más y esté con problemas de nutrición? Aunque suene contradictorio, es un fenómeno que se está dando con mucha fuerza en la actualidad y que trae diversas y nefastas consecuencias a la salud.

Uno de los principales causantes de la obesidad es la popularización de la dieta americana, alta en carbohidratos refinados, alimentos procesados, o, mejor dicho, pseduo alimentos, diseñados por profesionales de delantal blanco, que persiguen un objetivo diferente al de la nutrición.

De acuerdo al último informe de la Federación Mundial de la Obesidad (dependiente de FAO), el año 2025 un tercio de la población mundial sufrirá de sobrepeso y obesidad. Nuestro país pasará de tener el 28,9% de la población adulta con obesidad en 2014, a 34,6%, en 2025. Si no implementa un cambio de alimentación, Chile pasará a formar parte de los 20 países con más población obesa del mundo.

En cuanto a las mujeres chilenas, el 32,8% de las mujeres chilenas mayores de 18 años sufre de obesidad, según el informe nutricional FAO/OPS

La contradicción calórica de hoy

Esto ha causado un fenómeno que pareciera ser contradictorio, un alza importante en los llamados obesos desnutridos. Es así como los chilenos están ganando cada vez más peso y al mismo tiempo desnutriendo rápidamente. Y peor aún, los niños están comenzando a padecer condiciones crónicas, como la diabetes tipo II, a temprana edad, debido al sobrepeso y mala nutrición. Algo absolutamente evitable, y que, si no se detiene ahora, acarreará un costo económico y social insostenible para el país.

No es sorpresa que en países europeos, como Inglaterra por ejemplo, se haya implementado un impuesto a las bebidas azucaradas, debido a que el costo económico que genera, reflejado a través de múltiples condiciones crónicas en la población, sobrepasa cualquier otro beneficio que estos productos podrían generar.

Una dieta basada en calorías vacías = Obesos desnutridos

¿Cómo puede la obesidad y desnutrición coexistir? El error es pensar que, si se ingiere calorías en abundancia, la dieta automáticamente entregará los nutrientes que el organismo necesita. Mientras más productos procesados consumamos, más nos desnutriremos, pues estos pseudo alimentos, a pesar de contar con una alta disponibilidad energética, nos proveen de caloría vacías, es decir, son inservibles para nuestro organismo.

Por ejemplo, si comes 100 gramos de galletas de chocolate con crema en el medio, habrás consumido aproximadamente 500 calorías, de las cuales la gran mayoría provienen del azúcar y carbohidratos y cuya densidad nutricional es muy baja. Ahora, si te comes 100 gramos de brócoli, sólo ingieres 34 calorías, además de fibra, proteínas, minerales como el calcio y el fierro, vitamina A, vitamina C, vitamina B6, magnesio, etc.; todos elementos fundamentales para una vida saludable.

Ahora, para alcanzar las 500 calorías comiendo brócoli, necesitarías comer 1,5 kilos de esta verdura crucífera. No obstante, comiendo galletas, sólo necesitas consumir 9 galletas repletas de energía y vacías de nutrientes. Si al cuerpo no le entregas los nutrientes que necesitas, te va a pedir más. Esto genera obesos desnutridos.

¿Cómo solucionamos este problema?

¿Y qué tenemos que hacer entonces? Debemos comenzar a cambiar nuestro estilo de alimentación para salvaguardar la salud de nuestros hijos, que se está deteriorando rápidamente, y así poder contar con generaciones sanas que puedan seguir construyendo nuestro país. Para empezar, podemos corregir los cuatro errores más comunes que cometemos los padres, relacionados con la alimentación de nuestros hijos:

  1. Basar la dieta en alimentos alérgenos: leche y productos lácteos, trigo, maíz y soya. Todos están presentes en prácticamente el 100% de los alimentos procesados y producen alergias alimentarias en un porcentaje no menor de la población.
  2. Dieta basada en carbohidratos refinados y azúcar, endulzantes (químicos o naturales), y muy baja en grasas saludables: genera niños que pasan de la hiperactividad a la fatiga. En cambio, una dieta más alta en grasas saludables y proteínas, como los frutos secos, semillas y frutas como la palta, genera un estado de saciedad más prolongado y una liberación de energía mucho más eficiente y estable.
  3. Poco y nada de vegetales: vegetales de todos los colores, y en especial aquellos verdes oscuros, son la mejor fuente de vitaminas, en especial A, B, C y K, todas esenciales para el buen funcionamiento celular.
  4. Exceso de alimentos procesados que destruyen la microbiota: cereales para el desayuno, pan de molde, jugos de fruta, bebidas, gomitas, salsa de tomates, mayonesa, kétchup, mostaza, etc. Son todos pseudo alimentos cargados de azúcar, colorantes (muchos prohibidos en Europa por estar conectados con DAH) y preservantes. Todos estos productos destruyen la microbiota, conjunto de micro organismos que constituyen el primer filtro para el buen funcionamiento del sistema inmunológico y un metabolismo adecuado.

Si partimos por corregir estos cuatro errores, y mantenemos una alimentación sana y balanceada en el tiempo, podremos asegurar que nuestros niños crezcan sanos, fuertes y con todas las posibilidades de hacer de Chile y Latinoamérica, un mejor lugar para vivir.

¿Sabes que debes realizar un cambio, pero no sabes por donde empezar?

Solicita tu primera sesión conmigo, gratuita, para que comiences a transformar tu vida a través de una alimentación sana y consciente.

¡Reserva tu hora aquí!